martes, 29 de enero de 2013

La inocencia virgen violada.

Olvido era la fiebre salpicada por los cuerpos que se desnudaban, mitad cubiertos por el sudario de sábanas níveas como la leche amarga, trabando el calor surgente el tiempo compartido, que sin rubor en sus vértices denostaba la fusión concupiscente de nuestras entrañas; sin dar tregua la piel vacilante que, ante el séquito de pálpitos de frenado y represión, rechazaba abnegación a horadar y hendir su extensión sembrada de tersura y firmeza. 
Después, muertas las horas más oscuras con la mañana en ciernes, el arrojo de luz descubriría la cicatriz practicada en la fragilidad del fuero íntegro, abocado al empape y sangrado similar al de una matriz desgarrada, al grana vino derramado por los cueros reventados que se enfrentan a la atrocidad del cuchillo.

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